HOKKAIDO – Norte de Japón

Es en esta parte del viaje al país nipón cuando llegamos a nuestro principal destino, la isla de Hokkaido, la segunda isla de Japón en extensión y con una explosión de colores en otoño, escasamente poblada, considerada como la última frontera, una tierra salvaje – hábitat del oso pardo, con densos bosques, montañas, lagos que ocupan calderas de volcanes extinguidos o dormidos-, de naturaleza intacta y bellos paisajes, en la que formando parte del 22% del territorio nacional, sólo acoge al 5% de la población. Continúa leyendo HOKKAIDO – Norte de Japón

CAYOS DEL SUR DE CUBA

Cuba, la mayor de Las Antillas, isla del azúcar y del ron, que acogió a nuestros antepasados, capaz de sobrevivir a cualquier situación. La que resuelve y no se preocupa, nos muestra, en este viaje, algunas de las mejores estampas del Caribe.

Nos dejamos llevar por los caprichos de la vida, y siguiendo nuestro instinto, este invierno partimos hacia Cuba, para conocer la isla, y compartir con los amigos navegantes una singladura caribeña.

Ahora, a nuestros pies, nos enseña, a ritmo de son cubano, el quehacer de sus gentes. Bajo el calor del sol y la caricia de su brisa, nos balancearemos entre sus olas.

Junto a Toni y Merche, inseparables amigos para cualquier aventura náutica, aprovisionamos las embarcaciones, para gozar de autonomía durante las dos semanas que navegaremos entre los Cayos del Sur de Cuba. Lo que pretendía ser el quehacer de unas horas, se convirtió en una ardua tarea de tres días, que nos permitió vivir y conocer en primera persona la realidad de un país bloqueado. Escudriñamos los rincones de Cienfuegos en busca de alimentos. Interminables colas para conseguir panecillos, arroz, frijoles. Rebuscamos en mercados frutas y hortalizas. Corrimos hacia los lugares donde “entraba” el pollo, tal y como decían los lugareños. Amigos de Carlos y Odalys, nuestros anfitriones en la casa de Cienfuegos donde nos alojamos, nos suministran el aceite imposible de localizar. Los huevos, la cerveza y algo de carne de ternera, se hallan en la tienda de la marina.

NAVEGANDO

 

En la embarcación Marlene, nos reencontramos los tripulantes que dos años atrás habíamos navegado por el Mar de Cortés. Miradas que lo dicen todo sin pronunciar nada. Sonrisas que hablan por si mismas. Historias compartidas, recuerdos rescatados del hilo del olvido. Con los tripulantes de la embarcación Sofía, al calor de los antiguos compañeros, nos atropellamos en palabras, para compartir en el breve espacio de tiempo, antes de partir, todo aquello que deseamos contar. Las sonrisas y los abrazos nos cargan de energía. Los nuevos camaradas, con evidente desconcierto, tras las presentaciones y saludos iniciales, se encuentran totalmente imbuidos en la alegre vorágine que nos hechiza.

Partimos de Cienfuegos una soleada mañana de Enero, con buena previsión y viento favorable hacia nuestro destino a 70 millas, Cayo Largo. De nuevo, la emoción nos embriaga, nos dejamos llevar empujados por un viento de 20 nudos y dirigidos por una experta tripulación. El viento rola a proa, y arrecia hasta llegar a los 40 nudos. El catamarán empieza a mostrar su cara más oculta: la radio impide el contacto con la otra embarcación, cartas náuticas desactualizadas, rotura del puño de escota de la mayor y motores desequilibrados. Todo ello, humedecido por una incesante e inoportuna lluvia. ¿Saldremos de ésta? El sol se hunde en las profundidades, abandonándonos al amparo de las nubes en mitad de la oscura noche, agitados por un mar que revuelve sus entrañas, al azote de unas olas de aguas poco profundas, salpicadas de cabezos coralinos. Algunos nos rendimos y caemos sumidos en una indisposición poco habitual. Sólo la pericia de la tripulación nos condujo hasta el canal, donde pudimos pasar el resto de una noche, algo más apacible

Más tarde nos enteraríamos que el temporal que habíamos sufrido era la cola del tornado de nivel F4 que sacudió La Habana. Vientos de más de 300 Km/hora, el más violento de los últimos 80 años, con el resultado de varios fallecidos, decenas de heridos, cuantiosos daños en varios distritos capitalinos y provincias occidentales.

Los primeros rayos de sol se cuelan por las escotillas del camarote. Descansados de la resaca nocturna y con un mar calmado como si de un lago se tratase, subimos a cubierta. Un paisaje de manglares exuberantes, aguas turquesas y un apacible silencio, nos devuelven al paraíso que la noche anterior creíamos inalcanzable.

Al fin, la tripulación de las dos embarcaciones retomamos el contacto, y ponemos en marcha el engranaje necesario para solucionar los problemas acaecidos durante la travesía. Ahora sí, tenemos por delante dos semanas de sol, mar en calma, risas desenfrenadas, amenizadas por bailes a ritmo de ola, enriquecedoras tertulias, intensas partidas de mus. Paseamos por playas de arena blanca, sintiendo el fresco contacto de sus aguas turquesas. Degustamos sabrosas comidas, deliciosos mojitos, divinos bombones belgas. Plácidos paseos en kayak e inmersiones en fértiles cabezos coralinos colmados de peces. ¿Qué sorpresas nos depararán los próximos días?

 

ISLA DE LAS IGUANAS
Isla de las Iguanas

Desembarcamos en la Isla de las Iguanas, nuestros pies presionan con dulzura la suave y blanca arena de la playa, mientras decenas de iguanas nos observan expectantes. Un primer contacto, con esa naturaleza salvaje, que aguarda entre aguas turquesas y verdes manglares, el acontecer de un tiempo que no precisa reloj.

 

PLAYA SIRENA 1
Delfinario y Playa Sirena

 

Llega el momento de zambullirse en los coloridos corales de los cabezos del Ballenato. Aguas claras, pequeños arrecifes, un sinnúmero de peces de múltiples tamaños y tonalidades juguetean entre nosotros. ¿Participarán todos en esta sinfonía acuática? Toni, nuestro “capi”, toca su propia melodía . Durante la navegación no pierde detalle alguno, arregla cualquier desperfecto, gobierna sin titubeos, no se sirve sin antes invitar, protege su yo más íntimo con una coraza de acero, concediéndole la palabra a su frágil corazón en contadas ocasiones. Cuando se lanza al mar, pocos peces se le resisten. Tras una breve inmersión, aparece con un mero en el cinturón y una langosta en cada mano. ¡Qué hubiera sido de nuestra dieta sin su intrepidez!

Al caer la tarde, atravesamos los canales entre los manglares. Escoltados por el susurro de las aves, las embarcaciones perturban en el agua el reflejo de un intenso cielo anaranjado. Como si de un cuento se tratase, tras una virada, aparece nuestro destino, Marina Cayo Largo. Un pequeño puerto caribeño, salpicado de pequeñas cabañas y grandes palmeras. Sus instalaciones son escasas, sin faltar el bar de mojitos a ritmo de salsa. Las autoridades que lo gestionan, te trasmiten esa paz, tan característica del funcionario cubano.

Playa Sirena, considerada una de las mejores playas del mundo, nos maravilla. Abarloamos los catamaranes en el delfinario. Atraídos por su belleza, nuestros pies avanzan sobre una blanca y tan fina arena –única en un par de playas del Caribe- , que en lugar de quemar, te refresca y masajea. Los rayos del sol se cuelan entre las hojas de las palmeras, incitándonos a encajar nuestros cuerpos en el lienzo turquesa que nos aguarda. Rompemos el hechizo, en un chiringuito de madera, que nos obsequia con unos deliciosos mojitos y deja que nuestros cuerpos se muevan al ritmo de la música.

 

MOMENTOS

Por la noche, tumbados en la proa del catamarán, nos acuna el mar, dejándonos acariciar por la suave brisa, bajo un cielo intensamente estrellado. La Vía Láctea regenta el firmamento, aparece el Cinturón de Orión, una de las constelaciones más brillantes y conocidas en el cielo nocturnomarcando el transcurso del tiempo. Casiopea, reconocible por sus cinco  estrellas brillantes nos señala el Norte, representado por la Estrella Polar, y emergiendo del horizonte por el otro extremo la Osa Mayor, cual nana nos invita al descanso nocturno.

El buceo en Cayo Rico, nos deleita con numerosos peces de colores, estrellas de mar, corales, y caracolas gigantes, junto a pescados y langostas. La jovialidad de Merche agudiza su ingenio, y entre baile, y cante, sus manos preparan deliciosos y variados menús. Su gusto exquisito, nos invita a disfrutar de íntimos y agradables ambientes chill out en los que saborear sus platos. Alberto, vasco de nacimiento, que por muchas travesías que haya realizado, todavía cofunde estribor con babor, se introduce en su camarote en plena tormenta con la escotilla abierta, es un firme voluntarioso en la tarea de fregar los platos, y en obsequiarnos al final de cada ágape con unos sofisticados bombones belgas.

 

ISLA ROSARIO
Isla Rosario

En Isla Rosario, los pescadores de una pequeña embarcación cubana se acercan para compartir productos, experiencias, risas. “Pescamos alrededor de una tonelada de langostas al día por las que nos pagan unos 10 Euros aproximadamente, las acercamos a la costa, allí las recoge otra embarcación, que las prepara enteras o en colas, para la exportación a Estados Unidos o a Europa. Ya tu ves, nosotros ni las vemos en nuestros mercados de Cuba”, nos dice uno de ellos, dejándonos boquiabiertos. La singular situación de la pesca en Cuba, rodeada de un mar tan fértil, no deja de sorprendernos. Al día siguiente, un paseo por la playa de la isla, nos permite tomar conciencia de todos los desechos que el mar devuelve a la tierra.

 

CAYO CAMPOS MONOS
Cayo Campos

 

Navegando por el canal del Golfo de Batabano, un largo estrecho con bajos a ambos lados y de una belleza salvaje, arribamos a Cayo Campos, una de las pocas islas del archipiélago habitadas. Fondeamos frente a una paradisiaca playa de palmeras, sobre unos fondos de relucientes tonos azulados. La respiración se acelera, y nos lanzamos a la playa. Allí nos reciben los funcionarios, únicos habitantes del cayo, encantados de platicar con unos turistas abiertos a escucharles. Compartimos experiencias, paseamos por la orilla, perseguimos a las iguanas, buscamos a los monos entre los manglares. El sol empieza a descender por el horizonte, tiznando de rojo el cielo, tras la estampa de las palmeras y los dos catamaranes como único rastro de civilización.

CAYO CAMPOS MUS

 

Me dejo portar en kayak por la perfecta coordinación de Ion al mando de los remos. Una pequeña pero eficiente lección, de cómo manejarlo, y a surcar sola por la bahía. Sorprendentemente el kayak me obedece, pero sólo durante un breve período de tiempo. Merche, que había decidido regresar a nado a la embarcación, se encuentra una corriente en contra que no la deja avanzar. Extenuada, se aferra al kayak, complicando el dominio que parecía haber adquirido unos momentos antes. Para agregar salsa al instante, Toni, nuestro simpático Capi, sube al kayak para hacer equilibrios, y complicarnos todavía más el control sobre la embarcación. Finalmente, arribamos sanas, salvas y risueñas, aunque algo cansadas. Es el justo momento, de premiarnos con un delicioso cubalibre. El silencio de la noche estrellada, se rompe con las carcajadas que conllevan las poco oficiales revanchas de mus.

CAYO CAMPOS COMIDA
Cayo Campos

A la mañana siguiente, y antes de que haga su aparición el astro rey, un pequeño pesquero cruza la bahía. El silencio, del incipiente amanecer púrpura, se quiebra por el bullicio cercano de los monos del Cayo, que acuden gozosos en busca de su ración de desayuno.

Nos resistimos a abandonar tan idílico lugar. El día lo empleamos en nadar por sus aguas, bucear entre sus arrecifes, y compartir con los funcionarios una deliciosa cubera a la brasa que nos preparan. Por la tarde, cruzamos el cayo en busca de cocodrilos, seguimos su rastro en la arena,  ¿andaríamos tan tranquilos si realmente nos los tropezásemos?. Tras el frondoso bosque bajo, el pinar casuarius –único pinar en el Caribe-, cerca de la orilla, atesora una majestuosa águila endémica, allá a lo alto.

EN EL CATA

 

Rumbo a Cayo Ábalos, aparece un cabezo, que nos otorga la oportunidad de bucear entre corales y peces de diferentes formas, tamaños y colores, y como no, hacer acopio de los mejores pescados de Cuba, como el pez perro o de Fidel (el preferido del comandante). Al caer la tarde, nos divertimos jugando al escondite, con las intrépidas langostas. Antonio, absorto en sus pensamientos, se deja mecer por las páginas del libro de su marino preferido, Blas de Lezo.

Siguiente destino, Cayo Largo. No podemos abandonar el Caribe sin volver a sumergirnos en sus arrecifes, pasear por la maravillosa Playa Sirena, tomar un baño en sus azules aguas turquesas, bailar salsa en el chiringuito y degustar los cocos con ron, hielo y menta que nos preparamos. Algunas veces en la vida, la realidad, supera con creces nuestra imaginación.

CHIRINGUITO
Chiringuito de Playa Sirena

 

Iniciamos la travesía de vuelta con 20 nudos de viento de proa, hasta fondeo en Cayo Sal, donde paramos a comer. Descansar no está en nuestros planes, así que para saciar nuestra curiosidad, rodeamos el cayo, donde encontramos unos pelícanos expectantes sobre una rama anclada en el fondo. Decenas de cangrejos corretean por la arena. Los bufones gargajean con toda su fuerza el agua del mar hacia el cielo. Las aves planean sobre nosotros. La luna, en forma de cuna, se hunde en el oscuro mar, y nos invita a regresar a nuestros camarotes.

CAYO SAL
Cayo Sal

Dejando atrás un sueño, regresamos a Cienfuegos, satisfechos y orgullosos de haber compartido una experiencia irrepetible.

 

FINAL

“Lo que une el mar, que nada lo pueda separar”.

No podríamos finalizar el artículo sin agradecer a todos nuestros compañeros formar parte del tejido de nuestras vidas, llevándonos ese poquito de cada uno, y seguir creciendo, para ser lo que somos. Nada hubiera sido igual sin la iniciativa de Jose, que con rápidos y minuciosos movimientos, sus cabellos de marino al viento, escudriña la carta y busca los mejores rincones, siendo capaz, sin entrometerse,  de mantener al grupo unido. Los intensos y sinceros abrazos de Urko, que estimulan a cualquier ser vivo.  Ion, con su tenacidad implacable , nos transmite esa paz interior y regala su dulzura en pequeños detalles. Carlos ofrece serenidad y conocimiento, e Iván su sevillana gracia. Ana y Bosco, cual madre e hijo, gozan del ansiado encuentro. Pino, danza entre el pasado y el futuro, rompiendo antiguos moldes y construyendo nuevos. Pablo nos ofrece el extraordinario conocimiento de la zona y su perseverante voluntad.

LUNA LLENA EN LA HABANA

La Habana, ese príncipe vestido de harapos, con fachadas destartaladas que esconden polvo de oro, atrapada en el túnel del tiempo, donde se puede esperar lo inesperado. Su intrépida historia, el espíritu de supervivencia y la infatigable energía de su salsa te seducen desde el primer paso. Historia amontonada, como un tesoro escondido, de edificios majestuosos, unos restaurados, otros destartalados, reflejan los buenos tiempos de la ciudad, cuando la caña producía más dinero que azúcar.

El avión que nos transporta desde Barcelona, junto a Toni y Merche, toma tierra suavemente en el aeropuerto internacional de La Habana una cálida noche tropical. Gente, murmullo, burocracia, funcionarias en falda corta, despistes en el control de maletas, y por fin camino hacia Habana Vieja, sorteando socavones en la carretera, atravesando calles oscuras, casas destartaladas. Nelson y Susana nos ofrecen una cálida bienvenida. Salimos a dar un paseo, a saborear esa Habana soñada, pero la noche es muy oscura, la iluminación escasa y el cansancio nos pesa.

La luz de la mañana nos invita a descubrir, el hambre de Habana nos engulle entre sus calles con cuantiosos contrastes, del intrincado barroco al deslumbrante art decó, plazas totalmente restauradas junto a casas con paredes derrumbadas, individuos que están ahí para lo que haga falta, almendrones que te trasladan a otro siglo, músicos que amenizan cualquier esquina, asfixiante calor tropical, sabrosos mojitos, helada cerveza, mercados desabastecidos con más colas que alimentos, rica historia de conquista, revolución, independencia, abundante turismo, escasos helados de Copelia.

Nuestra primera incursión es la calle Obispo, la más turística, desde “El Floridita” de Hemingway a la Plaza de Armas, la plaza más antigua de la Habana, para familiarizarnos con las primeras colas al cambiar dinero en Cadeca, comprar tarjetas de internet en Etecsa, y desayunar. A lo largo del día nos dejamos llevar por calles menos turísticas, estrechas, llenas de gente, baches, carros, voces, catedrales, museos, música por las ventanas, coladas en los balcones. Entre locales y turistas vamos tomando el pulso a La Habana, dejándonos aconsejar, llevar por la intuición, saboreando su cocina, absorbiendo parte de su historia, vibrando con su música.

El segundo día, lluvioso, tomamos un autobús, tradicional, humeante, lleno de vida, para acercarnos a Vedado, el antiguo centro comercial de la ciudad durante los años 50 y paraíso de los mafiosos, actualmente dividido por amplios bulevares estilo parisino y sórdidos edificios. Tras una larga cola en Copelia, para degustar, de su larga lista de helados el único disponible, de guayaba, y esperar pacientemente a ser atendidos en una sala prácticamente vacía. Empezamos a descubrir los contrastes de la ciudad.

El Hotel Nacional, construido a imagen del Breaker’s Hotel de Palm Beach, en 1930, ecléctico que mezcla el art decó y el neoclasicismo, continua siendo uno de los emblemas de La Habana, tras haber servido de refugio en 1933 al golpe de Batista, y testigo en 1946 de la mayor reunión de gánsters americanos bajo un concierto de Frank Sinatra, hoy día es un lujoso hotel con espectaculares vistas al malecón, que nos brinda su imagen más brava, de un mar enfurecido, y una solitud difícil de encontrar la tarde de un domingo.  El Callejón de Hamel, uno de los más famosos de La Habana, combina arte urbano, música en directo, folclore afrocubano, santería y un tiento al turista.

Recorremos el solitario malecón, la quintaesencia cubana, con una ecléctica arquitectura entre el estilo neoclásico y art nouveau, prácticamente derruida.

Nada mejor para acabar la tarde, tomar una copa en el más antiguo e icónico Hotel Inglaterra escuchando un concierto de salsa, entretanto algunos cubanos nos cautivan con sus atrevidos y sensuales movimientos, emergiendo por el horizonte una espléndida luna llena, que nos embelesa e ilumina nuestra última noche en La Habana.

En un taxi previamente contratado y muy negociado, iniciamos ruta hacia Trinidad, por la “ochopista” (autopista de ocho carriles) principal, prácticamente sin tráfico, para llegar al “museo al aire libre” más antiguo y encantador de Cuba. Trinidad no defrauda, seduce, un antiguo puerto azucarero del cercano Valle de los Ingenios, posteriormente devastado por el fuego, pero resucitado en 1950 por Batista, que invierte en su restauración, consiguiendo que sus 1200 edificios de los siglos XVIII y XIX, reflejen la historia de Cuba, declarándose monumento nacional en 1965 y Patrimonio de la Unesco en 1988. Calles adoquinadas, jaspeadas de pequeños edificios coloniales de lindos colores pastel, salpicados por rejas blancas, un brillante cielo azul, pequeños comercios, galerías, tiendas, bares, restaurantes y guajiros a caballo.

Nos atrae una biblioteca, repleta de libros que más que interesantes son reliquias, amarillentos, soviéticos y marxistas. Al caer la tarde, esos colores pastel se convierten en dorados, invitándote a mirar con nuevos ojos esa joya que empieza a brillar.  Ya de noche, pequeñas farolas te guían hacia “La casa de la Música”, el lugar salsero por excelencia en la ciudad.

Nuestra visita a Trinidad es muy de relax, de vacaciones, nos apetece deleitarnos con el “día a día” de la población local, charlando con los aldeanos que esperan pacientemente a que pase el día, y explorar los encantos de los alrededores. En una excursión a caballo hacia la Sierra de Escambray, atravesamos granjas de vacas, campos sembrados, fincas azucareras donde nos enseñan cómo se extrae el jugo de caña; una finca de café en la que nos muestran todo el proceso de siembra, recogida, tueste y degustación; paseo entre la tupida selva,  refrescante y merecido baño en una poza natural bajo la cascada. Un día cansado e intenso que nos engulle en un profundo sueño nocturno.

Alquilamos una bicicletas, que empiezan a fallar al poco de iniciar la ruta. Ya tu ves, estamos en Cuba, y por el camino somos socorridos por desinteresados paisanos. Descubrimos la medio olvidada playa de La Boca, un pequeño pueblo pesquero en la desembocadura del Guaurabo, con una gran sombra de acacias en flor y una gloriosa tranquilidad. Seguimos hacia la Playa de María Aguilar, salvaje, popular entre los cubanos, con aguas turquesas, arrecifes coralinos, palmeras, mangos, piscinas naturales, pero en la que están construyendo un gran complejo hotelero, que en cuanto abra perderá el encanto. Nos consideramos afortunados de haber podido disfrutarlo prácticamente solos, como si de un trocito de paraíso se tratase. Nos acercamos a la famosa Playa Ancón, denominada la mejor del sur de Cuba, pero con una infraestructura turística que nos defrauda. Somos raros, sí, pero nos gusta lo natural, lo salvaje, y huimos rápidamente de lo artificial. El día ha sido completo, y el atardecer nos acoge en nuestra terracita, fría cerveza en mano.

Llegamos a Cienfuegos, la Perla del Sur, elegante, de ambiente francés y espíritu caribeño, una ciudad fundada en la bahía natural más espectacular del país, con elegantes edificios clásicos que en 2005 le valió la incorporación como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. A diferencia de Trinidad, es una ciudad menos turística, más comercial y moderna, con una mayor oferta de actividades culturales. Los días en Cienfuegos son un “no parar” de buscar, encontrar, sorprendernos, aprender, interactuar. Carlos y Odalys, nuestros anfitriones, nos enseñan los entresijos del día a día en el país, nos muestran su cara más simpática y también la más dura, la realidad de un bloqueo, el sueño de libertad, el esfuerzo de sobrevivir, la alegría de conseguir, el placer de compartir, el gozo de ayudar. Compramos en los mercados, a los campesinos, rebuscamos entre los puestos callejeros, negociamos con los pequeños comerciantes, dejamos pasar las horas en las colas, aprovechamos para conversar, nos movemos en ciclotaxis, motorcitos y coches de caballos.

Tomamos deliciosos platos en paladares escondidos, nos refrescamos con heladas cervezas, presenciamos la ceremonia  de nombramiento de los nuevos jueces, el desfile anual de coches antiguos, y de las maravillosas vistas del mirador de la Casa de la Cultura. Los días en Cienfuegos son intensos, y casi sin darnos cuenta llega el resto de la tripulación, con la que compartiremos las siguientes dos semanas de nuestro periplo navegando por los Cayos del Sur de Cuba.

MELBOURNE y alrededores

Viajar es volver a nacer en cada destino, abrir tus alas y dejarte llevar, aprender a caminar por insólitos parajes, abrirte a lo desconocido, observar sin juzgar , escuchar nuevos sonidos, despojarte de tu control, tolerar, respetar, compartir y confiar en los demás, ayudar y agradecer. Quien lo probó lo sabe. 

En este post relatamos la última parte de nuestro más extenso viaje hasta el momento, agradecidos a la vida, y a todas aquellas personas que se han cruzado en nuestro camino, que nos ofreciera la oportunidad de soltar las amarras de un futuro seguro y dejarnos llevar por los vientos del presente.

Melbourne fue para nosotros el lugar de las Antípodas en el que tuvimos un hogar, nos acogieron y utilizamos como campo base para visitar la increíble región de VICTORIA.

Tras una lluviosa mañana y soleada tarde nos dirigimos hacia el Oeste, a visitar Grampians N.P., una isla majestuosa de montaña y bosque que aflora de los terrenos llanos del oeste de Victoria, en el que tuvo lugar una rica historia aborigen. 

Iniciamos la ruta en Halls Gap donde nos alojamos, lugar tranquilo, con buenas vistas y en compañía de cientos de curiosos canguros. Empezamos el trekking en Loop Walking, entre pequeñas cataratas, y curiosas formas; continuamos por Grand Canyon, con impresionantes formaciones rocosas encañonadas y perfectamente señalizadas, rocas que se sostienen milagrosamente brillando bajo el intenso azul del cielo, para llegar a The Pinnacle, el gran mirador, desde el que se observa una majestuosa vista de todo el valle, se siente la inmensidad del lugar bajo los cálidos rayos del sol, y se escucha el suave sonido del viento acariciándote la cara

Para degustar la puesta de sol, nos acercamos a The Balconys, unas terracitas estratégicas desde las que se contempla el rápido descenso  del sol, dejándose entrever sus últimos rayos, que tiñen de colores anaranjados todo el horizonte, privándote de su cobijo, mientras escuchamos entre el silencio el canto de una cotorra. Perderse entre los bosques del Grampians, disfrutar de sus majestuosas paredes, juguetear entre canguros, aprender de su historia en el museo y descansar al calor de una confortable casita de madera, forman parte de la agradable experiencia de este magnífico lugar.

Una soleada y fría mañana nos dirigimos hacia la costa, para vivir en primera persona la sensación de encontrarse en un lugar azotado por el viento y el mar los últimos 20 millones de años. Era en aquel entonces cuando formaban parte de los acantilados, posteriormente la erosión los convirtieron en cavernas, luego en arcos, que siguieron siendo azotados hasta transformarse en columnas que hoy día se elevan del mar alcanzando los 45 metros de altura. Lugar en el que se asientan los mundialmente famosos Doce Apóstoles, ofreciéndote  la estimulante sensación de encontrarte en los confines de la Tierra, percibir la bruma del mar, escuchar el rugido de los respiradores al arrojar chorros de agua con una fuerza implacable, y encandilándote con el dibujo de la espuma que rodea los riscos.

La Great Ocean Road  discurre a lo largo de la costa desde Bay of Islands hasta Lockand Gorge, carretera empezada a construir  por los soldados que regresaron del frente en la Primera Guerra Mundial, ubicándose cerca de Lorneun arco en su honor. A lo largo del recorrido por la costa, diversas paradas en Viewpoints te permiten disfrutar del espectáculo, descender hasta sentirte infinitamente pequeño ante las gigantescas formaciones: Island of Martyrs, The Grove, London Bridge (hace unos años se desmoronó una parte dejando atrapados a una pareja de turistas que tuvieron que ser rescatadas en helicóptero), The Arch, etc… todos ellos distintos, majestuosos, beteados de colores anaranjados, rojizos y blancos, azotados por el viento y el mar, rugientes, cobrando vida entre el sol y las nubes. Y entre las formaciones, pequeños pueblos costeros, salpicados de surferos, nada puede ser más australiano.

Melbourne, una ciudad cosmopolita, animada, repleta de actividades. Llegó Ángel a nuestro encuentro, y juntos nos acercamos a St Kilda Beach con los kite-surfers que le dan vida, a South Market– el mejor mercado australiano que habíamos conocido- en el que además de proveernos para la barbacoa de la tarde y la paella del día siguiente, degustamos una fresca cerveza amenizada por música de jazz en vivo, intercambiando experiencias con una burgalesa afincada y enamorada de la ciudad.

Al caer la tarde, previa parada en la liquor store, empieza la fiesta de cumpleaños de Aitor, una barbacoa entre españoles residentes en la ciudad, australianos y algún otro desperdigado, que emocionados nos ofrecen su particular punto de vista de la vida por esos confines; una gran velada.

Es domingo, y nuestro anfitrión nos obsequia con una visita guiada por Yarra Valley, una cata de sus caldos – ni punto de comparación con los nuestros – , pero acompañado de las mismas risas cuando vas por el tercer vino!!; la carretera panorámica, el mirador, el trail hacia la catarata y la visita al William Ricketts Sanctuary– esculturas aborígenes en medio del rain forest – . Acabamos el día preparando una paella, brindando y degustando con Ángel y Silva (John y Bastian no se encontraban) uno de los vinos del valle.

En nuestro penúltimo día paseamos y disfrutamos de los encantos de la ciudad: Flinders Station, la estación de tren más antigua de Australia (1910) y un hito en el país; St Paul’s CathedralHosier Lane, la calle con “graffiti tolerance zone” en la que artistas de todo el mundo han dejado su legado grafitero; Federation Sq, agradable plaza soleada donde se proyectan películas para disfrutarlas cómodamente sentados al sol; National Gallery of Victoria, con una impresionante exposición de arte aborigen;  State Library of Victoria, una de las bibliotecas más bonitas bajo una enorme cúpula, en la que una de sus salas está dedicada exclusivamente a la genealogía de sus habitantes. Terminamos la jornada tomando unas tapas y cervezas por Carlton, tras la salida del trabajo de Ángel.

Y llegó el último día, que decidimos relajarnos por el encantador Royal Botanic Garden, salpicado de coloridas flores entre el brillante verde de su césped que resalta con el intenso azul del cielo, la paz que trasmiten los patitos en el estanque y que te amenizan los pajarillos con su canto. Al llegar al CBD nos sorprende el suave y encandilador sonido de las campanas del William Barak Bridge. Tranvías, tiendas, ajetreo, … Hoy sí, nos aflige la nostalgia. Nuestra última cena en St Kilda, un estupendo pescado en Claypots Seafood Bar, con música en vivo y compartiendo con nuestro anfitrión todo lo que ha significado este viaje para nosotros. Hasta pronto!!

AUSTRALIA – De Sydney a Melbourne

Sydney, al fin Sydney, el icono de un sueño. La Opera House, El Puente de la Bahía, …., ante nosotros ha tomado vida esa foto que durante tantos años nos ha acompañado pegada en la tapa del carpesano. Miramos y miramos, una lágrima se desliza por nuestras mejillas, Continúa leyendo AUSTRALIA – De Sydney a Melbourne

AUSTRALIA-1. -QUEENSLAND- BRISBANE, CAIRNS Y LA GRAN BARRERA DE CORAL

Llegar a Australia en pleno verano es sentirlo al primer instante, Continúa leyendo AUSTRALIA-1. -QUEENSLAND- BRISBANE, CAIRNS Y LA GRAN BARRERA DE CORAL

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Jose y Blanca

Un viaje, un aprendizaje.